Hecho en casa: Independiente de Santiago del Estero (Nota de David Ferrara)

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La pasión del pueblo de Santiago del Estero por el básquet no necesita explicación ni argumento alguno, está ahí, tan natural y sobreentendida como el calor o la chacarera. Porque el santiagueño, el basquetbolista santiagueño, tiene sus formas, sus ritmos, su talento y personalidad, un linaje imposible de disimular, que lo hacen reconocible al instante y encuentra su reciprocidad automática en el público, porque se sabe, hay que dar un buen espectáculo, ayer, hoy y siempre.

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Con Quimsa y Olímpico en la elite, muchos de los nombres importantes del básquet provincial contemporáneo debieron asumir el lógico peregrinar del ascenso, obviedad del deporte profesional que muchas veces se parece a un trabajo. Así, la “Madre de ciudades” también fue cantera del país y repartió en el mapa el talento formado en los numerosos clubes de toda la zona. Pero la tierra llama, la sangre tira. Y de una idea, un proyecto, nació una respuesta.

Lo explica Carlos Basualdo, presidente de Independiente y cabeza visible del sueño: “Habíamos logrado el ascenso al Torneo Federal en el Argentino de Clubes, pero apareció la oportunidad de jugar en el TNA con la plaza de Uncaus, y gracias al apoyo, en especial del Gobierno, nos pareció que era una buena chance poder afrontar la competencia”.

“La idea de armar un equipo de santiagueños es para sentir identidad, que los jugadores sean nuestros, que podamos brindarle a la gente un equipo netamente de aquí, porque hay muchos jugadores de Santiago repartidos en las categorías de la Liga y la intención era poder darles la chance de estar en casa. Creemos que si bien es un equipo corto, tiene jugadores de calidad y con experiencia”, amplía Basualdo.

Pero claro, faltaba saber quién respondería al llamado de su tierra, porque a veces los presupuestos no pueden conformar a todos. “Todos mostraron una gran predisposición para venir, resignaron cosas y declinaron ofertas para jugar en casa, para sentir que representan a la provincia”, dice Basualdo, quien también apuesta al futuro y al recambio de cepa propia: “En Independiente se hace un gran trabajo en formativas. Fue pionero en tener semillero y las categorías menores son protagonistas. Hoy, con el aliciente del TNA, se armó un equipo de entrenadores importantes para reclutar jugadores”.

“Santiago vive el básquet de manera distinta al resto. El acompañamiento es muy grande, me sorprende. Y ante la prensa hay que sacarse el sombrero porque nos dan cobertura igual que lo hacen con Olímpico y Quimsa”, cuenta Basualdo, quien reconoce entre los pendientes para la anécdota que todavía no pudo armar un asado con todo el plantel: “Con el trajín de partidos no se pudo hacer, pero seguramente nos va a tocar festejar algo y dar la sorpresa. Igual con el calor está difícil. A Julián Aprea, que es el único que no es de Santiago, lo tenemos todo el día con aire acondicionado”.

En el rectángulo la autoridad es Javier Montenegro, hombre del riñón de Independiente como jugador en su momento y entrenador en la actualidad. E integrante de la selección de Santiago del Estero en los Campeonatos Argentinos, casi la base de este Independiente con algunas honrosas excepciones.

“Independiente le brinda la chance de jugar en Santiago del Estero a aquellos que hoy no pueden estar en Olímpico o en Quimsa, y que no tengan que irse. Son todos de diferentes clubes lo que genera una gran identificación porque la gente quería verlos”, analiza Montenegro, que elige la cautela para explicar el andar actual del equipo, pero refuerza la apuesta a futuro: “El equipo se armó casi sin tiempo de pretemporada por la aparición de esta chance del TNA. Pero es un proyecto a largo plazo, apostamos a seguir, no a desaparecer en una temporada. Es un período de aprendizaje para todos, lo primordial es competir y estamos encaminados. A medida que pase el tiempo podremos ser protagonistas. El TNA es algo diferente a lo que vivíamos, fue un cambio brutal para la institución. La idea es trabajar para poder jugar en nuestra propia cancha, constituir bases, dar pasos firmes”.

Víctor Cajal en Huracán, Bruno Ingratta en Red Star, Martín Balteiro en Juventud, Milton Vittar en Unión y Juventud de Bandera, Juan Ángel López en Nicolás Avellaneda, Andrés Auadt de Independiente, Matías Martínez desde Monte Quemado, Ricardo Fernández de Normal Banda, Joaquín Gómez Delconte de Olímpico más los chicos de la cantera de Independiente. Se formaron, crecieron, mamaron el básquet en diferentes clubes, ciudades, pueblos, pero con la misma identidad y sentimiento que hoy los encuentra unidos en un plantel de la segunda categoría nacional.

“Ya tuve la posibilidad de jugar en Quimsa y hacerlo en tu ciudad es muy lindo. El club es nuevo en la categoría y tiene que ir mejorando a medida que pasa el tiempo, como todo proyecto. Me gustó la idea de que seamos casi todos de Santiago”, explica Bruno Ingratta, de largo recorrido a nivel nacional y que rememora a su Red Star como una institución que trabaja “muy bien en formativas”.

La C de capitán en la planilla la lleva Víctor Cajal, histórico de la categoría, con respeto ganado por trayectoria y rendimiento. “Mi idea era quedarme cerca de Santiago o esperar algún recambio, pero surgió esta posibilidad y tanto a ellos como a mí nos convenía, ya que yo estaba dispuesto a resignar en lo económico por la distancia y ellos porque no tenían un presupuesto alto. Me vino bárbaro poder volver. Es muy lindo jugar en Santiago después de siete años, porque además somos un grupo de amigos antes que un equipo, nos llevemos de la mejor manera dentro y fuera de la cancha”, cuenta y se ilusiona con el crecimiento del equipo en el juego: “Queremos llegar a los playoffs de la mejor manera como uno pretende cada comienzo de temporada. Sólo pensamos en llegar físicamente enteros, porque la química, paciencia, tolerancia y unión del grupo está”.

Independiente tiene su localía en Quimsa, y más allá de las dimensiones del estadio, el símbolo santiagueño se anima a imaginarlo lleno: “El estadio es enorme. Pero estamos contentos con la gente porque apoya mucho as porque se ven identificados por el jugador santiagueño, por la forma de jugar, por lo que transmite. Y volvieron a la cancha los amigos y familiares que por ahí dejaron de ir en su momento a ver los equipos de Liga y ahora tienen confianza en el grupo que se formó. Estoy seguro que se va a ver un estadio completo a medida de que lleguen los playoffs”.

Decidido a romper mitos, Cajal confiesa que nació en Concepción, Tucumán, pero se asegura de que quede bien clara su filiación santiagueña: “Mi mamá era santiagueña y mi papá tucumano. Mis dos hermanos mayores nacieron en Santiago y los tres más chicos nacimos en Tucumán, pero a los dos años ya volvimos a vivir en Santiago, donde crecí. Huracán es el club de mi barrio, queda a una cuadra de mi casa, siempre estaré agradecido porque todo lo que soy es gracias a ellos”.

Y el dueño de la pelota en Independiente se le anima con humor a otro tema candente e imposible de pasar por alto: la siesta santiagueña. “Debo decir que es un mito. Reconozco que en este equipo hay chicos que le hacen el honor a la fama y pegan una siesta de dos a seis de la tarde, es impresionante cómo pueden dormir tanto. Pero yo con una hora y cuarto estoy bien. Igual, me tocó estar en planteles donde chicos que no son de Santiago duermen mucho la siesta. El año pasado en Oberá había uno de los muchachos que se la pasaba más tiempo dormido que despierto”, diserta con conocimiento de causa Cajal.

El último en llegar al plantel fue Milton Vittar, pero sin necesidad alguna de adaptación. “Me sumé como recambio y a los dos días ya jugué. Es un lindo proyecto, los conozco a todos porque comparto con ellos desde hace mucho tiempo, diría que hay una relación de amistad. Nos juntamos fuera de lo que es el básquet y los viajes son buenos, sabemos de qué hablar, qué música nos gusta, cómo es la familia de cada uno. El básquet a veces te obliga a irte lejos por trabajo y este momento lo estamos disfrutando”, relata el muchacho de Bandera, quien la pasó mal tras una lesión: “Hice la recuperación muy bien pero no siempre los clubes se animan a darte la confianza. Estuve entrenando con San Lorenzo de Tostado en la Liga Provincial de Santa Fe y pensaba fichar allí, pero la gente de Independiente siempre se interesó por mí y cuando salió esta chance arreglamos rápido”.

La estirpe del básquet santiagueño sigue viva en Independiente, que se ofrece hoy como polo de atracción para el mundo de ingreso a la Liga y lo hace mostrando el espejo de los que ya recorrieron el camino y vuelven a casa para mantener viva la llama.

*David Ferrara fue productor periodístico de las transmisiones televisivas del Torneo Nacional de Ascenso durante diez años. Periodista del diario El Ciudadano de Rosario. Docente en Tea Rosario y en Ieserh Rosario. En Twitter @davidferrara35.

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