Neurociencias, matemáticas, tecnología. ¿Qué aportan al básquet?

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Neurociencia y estadísticas, se suman al deporte, desde hace mucho tiempo. La revolución no está lejos del básquet argentino. Pepe Sánchez, lleva adelante en Bahía Blanca, un revolucionario proyecto integral de formación que recibió el visto bueno de la NBA. Mientras que Wilson (marca de pelotas/balones) ya diseño un balón con sensores.

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La revolución naranja

“Hace un seguimiento de tus estadísticas y analizá tus disparos para convertir tu entrenamiento en el tiempo de juego, en cualquier momento”, invita Wilson. El fabricante de artículos deportivos con base en Chicago, Illinois, presentó Wilson X, la primera pelota de básquet conectada del mercado. A través de sensores y una aplicación móvil, la firma busca brindarte una “compañera ideal” a la hora de entrenarte”.

Así presenta Wilson su pelota, no para ligas superpoderosas, sino para entrenar en tu casa o en la canchita. Por 200 dólares tenés esta pelota: Funciona con cualquier aro regulable de 10 pies (3.04 mts) con una red. Nunca se queda sin batería. La misma aguanta más de 100.000 tiros (300 tiros al día durante un año).  Audio en tiempo real. La app simula situaciones reales juego: ruido de la multitud, count down (cuenta regresiva) del reloj, bocina, etc.  Calidad. Wilson X comparte las cualidades de todas las pelotas Wilson: tiene el tamaño y peso reglamentario y un agarre y durabilidad incomparables.

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La revolución en Argentina

Fue a mediados de 2006, cuando jugaba en Málaga para el equipo Unicaja, que Juan Ignacio Pepe Sánchez experimentó de la manera más nítida en su carrera lo que los científicos del deporte llaman entrar en la zona. Lo habían elegido mejor jugador latino del año y el Unicaja se encaminaba a ganar la liga ACB de básquet, de España. De repente, recuerda, todo comenzó a transcurrir en cámara lenta, percibía un foco y una visión periférica perfecta, atención plena y hasta una noción clara de detalles -que aún hoy recuerda-que ocurrían entre los espectadores, afuera de la cancha. Todos los pases y estrategias le salían bien. El base argentino quiso repetir esta experiencia, casi mística, en el siguiente partido, pero no pudo.

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La neurociencia moderna viene estudiando este estado que describen deportistas de elite (y también músicos, actores y otros profesionales), de flujo perfecto, donde el tiempo se diluye, el ego se desvanece y la performance pega un salto cuántico. Estudios recientes muestran que quienes logran entrar en la zona pueden aumentar su eficiencia entre un 500 y hasta un 700 por ciento.

Siempre con perfil muy bajo, híbrido entre atleta de elite ultracompetitivo y ratón de biblioteca, Pepe Sánchez arranca por estos días una tercera etapa en la que combina e integra todas las lecciones de sus vidas pasadas: está construyendo en Bahía Blanca un centro de última generación para 200 basquetbolistas que vendrán de toda América latina y cuyos mejores talentos nutrirán a la NBA, que por primera vez apoya una iniciativa de este tipo fuera de los EE.UU. El estadio Dow (el sponsor principal es la compañía química, pero la mayor parte del proyecto se fondea con los ahorros de Sánchez) integrará habitaciones, comedor para los huéspedes, un centro de creatividad, un gimnasio y un departamento con lo más avanzado en ciencia del deporte. Expertos en ciencia de datos, en descanso, en nutrición e hidratación de distintos lugares del mundo están colaborando en el diseño de una plataforma que, sueña Sánchez, excederá al mundo del básquet y que protagoniza una de las historias de innovación más fascinantes de la historia reciente.

El columnista de The New York Times, Thomas Friedman, sostiene que “el futuro comenzó en 2006-2007”: en términos de tecnologías digitales, hace diez años se dio un momento bisagra a partir del cual muchas de las marcas y productos que hoy usamos (iPhone, Facebook, etc.) se volvieron ubicuos. En el básquet, la revolución de los datos también comenzó en esa época: en 2006, Houston Rockets contrató a Daryl Morey, un nerd que venía del campo de la consultoría en negocios, para que comenzara a elegir jugadores sobre la base de ecuaciones y regresiones de datos.

Hasta entonces, estas decisiones se apoyaban en la intuición y en el supuesto expertise de los técnicos que en los años siguientes se revelaron completamente sesgados y erróneos. Los inicios fueron duros: el ex basquetbolista devenido comentarista de TV Charles Barkley dijo en una trasmisión que la gente como Morey no sabía nada y que trataban de encajar en el ambiente, frustrados porque en la secundaria no salían con chicas. Hace diez años no había ni siquiera datos: Morey mandaba colaboradores a fotocopiar planillas al archivo de la asociación de básquet universitario de los Estados Unidos, para nutrirse de materia prima para sus cálculos.

Pero el abordaje matemático de los Rockets funcionó, y cambió la forma de jugar y seleccionar jugadores para siempre. El análisis de big data demostró que el equipo vale mucho más que la suma de individualidades, y que buenos anotadores que no se esmeraban en defensa eran perjudiciales para el conjunto. Históricamente los esquemas tácticos apuntaban a generar tiros de dos puntos (que tienen un 50% de chance de convertir): los números mostraron que es mucho más eficiente apostar a los triples, que aunque tienen una probabilidad de enceste algo menor (del 40%), otorgan un 50% más de puntaje. Así nació una nueva era del reinado de los triples: este año, en la NBA, por primera vez se ensayaron más triples que dobles, y Stephen Curry, para muchos ya el mejor tirador de la historia, anotó en los playoffs de 2017 más triples que toda la NBA en los años 80.

Por las cifras multimillonarias que maneja, el básquet no sólo se convirtió en un pionero de la aplicación de analítica de grandes bases de datos, sino también en un gran laboratorio para las neurociencias y la emergente economía del comportamiento, que toma aportes de la psicología. The Undoing Project, el último libro de Michael Lewis, que narra la historia de Daniel Kahneman y Amos Tversky, psicólogos, Nobel de Economía en 2002 y padres de la economía del comportamiento, tiene su primer capítulo enteramente dedicado a cómo la combinación de ciencia de datos y ciencias cognitivas dio vuelta la NBA en la última década. Atrás de Morey aparece como pionero Sam Hinkie, manager de Philadelphia 76ers. y amigo de Sánchez. “El básquet es el deporte que con más agilidad se adaptó el nuevo consumo de entretenimiento”, dice el base de la Generación Dorada.

¿Por qué?

Las reglas se fueron perfeccionando para favorecer el espectáculo, la meritocracia y la no especulación. Las posesiones duran en promedio 8 segundos, en el último medio minuto se puede dar vuelta un partido y entramos a la cancha prácticamente desnudos: si tenés un poco de panza o no estás al 100%, se te nota enseguida, hay una exposición total, hasta de lo gestual. Es un juego tremendamente mental (por eso es tan fluida su interacción con las ciencias cognitivas) y cada partido es una vida entera en sí mismo, se vive con esa intensidad: en el primer cuarto tenés margen para experimentar y probar, en el segundo tomás velocidad, en el tercero, que sería la mediana edad, te replanteás algunas cosas, y el último es a todo o nada.
¿Qué mitos se cayeron con esta movida de innovación en ciencia del deporte?

Un montón. Uno de ellos, uno muy argentino, el del asado: la idea de que si el grupo está bien, se come un asado -que postulan muchos técnicos en todos los deportes, especialmente en el fútbol- y luego vienen los resultados. Mentira: te tenés que matar laburando, entrenando infinito, y de alguna manera enamorarte de la frustración. El otro mito que se cayó es el de las individualidades, con big data queda en evidencia que estrategias de cooperación y trabajo en equipo son mucho más eficientes que lo que parecen a simple vista. Esto tiene implicancias enormes no sólo para el básquet y el deporte, sino también para los negocios, las políticas públicas…

¿Qué estudio de datos y deporte reciente te llamó la atención?

Hay miles, tenés hasta un paper que mostró cómo la irrupción de Tinder mejoró la performance de los equipos visitantes: antes en las giras los jugadores tenían que ir a fiestas para lograr acostarse con alguien, con redes sociales eso no hace falta, con lo cual llegan más descansados a los partidos. Pero esto recién empieza: Spalding está por introducir una pelota con sensores, e Internet de las Cosas va a hacer que se mida absolutamente todo. Con el proyecto de Bahía Básquet estamos trabajando en esta línea, colaborando con la NBA. Eso te permite una estrategia de entrenamiento a la medida de cada jugador, personalizada, y por lo tanto mucho más eficiente.

 

La revolución de los datos y las ciencias cognitivas llegó al deporte primero con el fútbol americano (como se retrata en el best seller de Michael Lewis Moneyball, luego llevado al cine), estalló con el básquet (por el dinero involucrado) y, no tiene dudas Sánchez, pronto llegará el fútbol. Lo que en la agenda de innovación se denomina polinización cruzada está funcionando a pleno en el deporte: por ejemplo, clubes de fútbol de Europa contratan coaches que vienen del hockey y su reciente revolución táctica y estratégica, al igual que lo hace Ricardo Gareca con la selección peruana de fútbol. “La medalla dorada en hockey en los Juegos de Río fue un cisne negro aún más raro que el nuestro, algo impresionante”, reconoce Sánchez. Hay toda una literatura emergente en 2016 y 2017 que relaciona el mindset de los atletas de elite con la toma de decisiones cotidiana, el liderazgo y los procesos colectivos.

Para que estos logros del deporte argentino no sean una rareza, explica el ex base, hay que consolidar un sistema con los incentivos correctos, flexible y poroso al aprendizaje permanente.

La matemática y qué medir

Marc Stein, reportero de la cadena estadounidense ESPN, dice a EL ESPAÑOL que no cree que sea tan difícil de entender para los aficionados: “El seguidor moderno de la NBA es mucho más listo que los de mi generación porque llevan años escuchando cómo los equipos se preocupan de las métricas”. Este veterano periodista se cuestiona “cómo el creciente énfasis que se hace ahora en la eficiencia podría haber afectado al legado de Allen Iverson”. “¿Sería admirado al mismo nivel si estuviese jugando ahora mismo?”.

Moneyball con canastas

El libro Moneyball (2003) de Michael Lewis -después convertido en película (2011) homónima protagonizada por Brad Pitt y Jonah Hill- supuso el pistoletazo de salida para que casi todos los equipos de la NBA montaran potentes equipos de analistas dedicados a extraer hasta el último dato útil del flujo del juego.

Ahora mismo, la liga estadounidense está empleando cámaras fabricadas por la empresa israelí SportVU. Estas cámaras miden 20 veces por segundo la posición exacta en coordenadas X-Y del balón y de todos los jugadores que están en la pista. Los analistas obtienen una abundante cantidad de datos, aunque los rivales también.

Desde un punto de vista matemático, los modelos más simples están básicamente compuestos por sumas, restas, multiplicaciones y divisiones. Sin embargo, al entrar en procesos donde existe una nube de datos muy grande, se aplica un análisis de la regresión, lo que permite, cuando hay un montón de datos distintos, entender de qué modo varía uno de ellos con respecto a los otros.

Con el sistema de SportsVU, un analista puede acceder a todos los datos sobre los tiros que ha lanzado en un partido el escolta James Harden y saber, para cada tiro, quién era su defensor y cómo estaba de cerca, cuál era la posición del tiro, cuánto faltaba en el reloj de posesión o cuánto había fallado antes.
En el análisis exhaustivo de estos datos está la oportunidad de obtener una ventaja competitiva, como la que convirtió este año en campeones a los improbables Golden State Warriors. Liderados por Stephen Curry, el equipo de Oakland, California, tiró muchos más triples de los que los manuales de baloncesto aconsejan. “Dicho así parece sencillo”, comenta el matemático de la UPCT, Pablo Mira, “pero hace años se oía que no puedes lanzar muchos triples porque acaba por penalizarte y te saca del partido, aunque la estadística ha demostrado que tirando muchos la esperanza de éxito es mayor”.

Qué falta por medir

En particular, un reto para todos estos sistemas está en cómo valorar la defensa. Como apunta Barrigón, “creo que fueron los Celtics los que contabilizaban estadísticas internas como las deflections, intercepciones del balón en defensa que no terminaban en robo sino en saque de banda para el contrario”. En estos casos, no se recuperaba la posesión pero se interrumpía el ataque rival, con lo que el éxito es moderado, pero cuantificable.

También para Marc Stein, cuantificar la contribución defensiva mediante analíticas sigue siendo un reto y un gran misterio. “Me gustaría que hubiera circulando más estadísticas sobre defensa por un motivo egoísta: me ayudaría a elegir mi Jugador Defensivo del Año, una de las categorías que encuentro más difíciles”.

Si nos preguntamos quién es el mejor jugador defensivo de la Liga ACB podemos mirar, con criterio clásico, quién hace más tapones y coge más rebotes defensivos por partido. En este caso sale el nombre del pívot croata Ante Tomic, que en 2013 hizo más de un tapón y cogió casi cinco rebotes de media por partido con el F.C. Barcelona.

Pero si aplicamos el sistema +/- aparece Raül López, base del Bilbao Basket con fama de atacante, como el mejor jugador defensivo de la Liga porque, cuando él estuvo en pista, su equipo concedió menos puntos por jugada que ningún otro, según datos de la ACB. El criterio lo es todo.

Y aún hay más aspectos, como el ritmo del partido. Como dice Mira, “es fundamental, porque no es lo mismo meter 80 puntos con pocas posesiones que con muchas posesiones”. Si metes el ritmo del partido en la ecuación “cambia totalmente el análisis y jugadores que parecían muy buenos ya no son tan buenos”.

Al final, todo lo que sabemos del baloncesto depende únicamente del código que usemos para descifrarlo.

Fuente :nota Pepe Sánchez. Extractos de la nota realizada por Sebastián Campanario La Nación

Fuente: Datos Wilson X : Xabes.com

Fuente: Las Matemáticas en el baloncesto. Extractos de la nota publicada por el diario digital El Español (España)

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