La pasión del básquet chaqueño fue el marco perfecto para la coronación de Cultural

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Como alguien que ha viajado mucho, conocido estadios, hinchadas, clubes, de básquet y de fútbol, puedo decir que Chaco es un lugar especial para el básquet.

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Tengo recuerdos de cuando era muy pequeña de canchas llenas en Saénz Peña; la cancha de Acción donde a los 8 años comencé a conocer este deporte, la de Sokol cuando llegó el TNA. De ver entrar mis ídolos a la cancha, cuando el Atenas de Milanesio y Campana visitó la ciudad, o cuando fue a jugar Sebastián Uranga con su equipo en el TNA. En Rosario conocí la pasión del fútbol, y también la del básquet, es una ciudad que vibra con la naranja aunque a veces, en los medios Central y “Ñuls”, lo tapen.

Sin embargo una de las memorias más importantes que tengo (y soy bastante grande ya jajaja), es aquella final entre Española y Olímpico. Dos veces en mi vida sentí temblar una tribuna: la popular de Boca en cancha de NOB, y la tribuna, no ..que digo la tribuna, la cancha, con esa final en Charata que consagró a Prado y empezó a desenvolver el sueño grande del básquet del interior chaqueño. La cabina de transmisión se movía, y era difícil no contagiarte esa emoción.

Ese sueño de Liga revolucionó todo, tuvo sus pros y sus contras (ah.. si….tuvo sus cosas malas), pero cuando se perdió esa competencia, se sintió un vacío. No solo en el espectáculo, los clubes sintieron el golpe económico y en el semillero, volver a confiar no iba a ser nada sencillo.

Pero esa inagotable cantera de jugadores, y la fuerza de los dirigentes, aquellos que reconocieron los errores y estuvieron dispuestos a volver a empezar, y los entrenadores, muchos de ellos de otras tierras que dejaron mucho, incluso entrenadores propios, volvieron a empujar.

La Federación paso varias tormentas, la CABB también. En el medio tuvimos Argentinos femeninos, masculinos, Super 4 internacionales, selecciones argentinas, los estadios iban mejorando. El provincial de formativas se fortalecía. Recorrí canchas y vi que esa llama estaba en Las Breñas, en Villa Angela, en Pinedo, y si, en Santa Sylvina, Comercio y Cutlural que abrieron sus puertas a “hijos” de otras tierras que fueron a contribuir a su historia, y la llama también prendió ahí.

Desde esa noche en cancha de Española a la última final del provincial 2018-19 que coronó a Cultural, no había vuelto a sentir esa especie de magia, que te hace vibrar el corazón, de tanta gente de pie cantando, agarrándose la cabeza, de banderas en la tribuna, de los uuuuh , de las lágrimas de los pibes por la derrota (incluso la de Juan Cruz Herrera que llegó en diciembre de Pinedo a Italiana) y de los “viejietos” como Pepe Stacul que cuando le faltaron las piernas jugó con el corazón, o Germán Kravacek, o del artillero villangelense como Segovia, por el triunfo. De ese Cultural que entrenaba lo que podía, porque sus jugadores trabajan, de los que viajaban para entrenar, del esfuerzo dirigencial, a esas lágrimas de rodilla del utilero, cuando el partido terminó. En estos equipos había jugadores de Charata, Las Breñas, Pinedo, Villa Angela, Santa Sylvina, Villa Berthet y Resistencia, porque este deporte que recibe poco da mucho. Moviliza miles de niños y niñas, en sus clubes, en competencia, y ha llevado lejos el nombre de Chaco, incluso en la Generación Dorada o la NBA (con el Colo Wolwiski). De tanta gente que vibró con el juego a muchos kilómetros de distancia, los del interior y los de Resistencia, porque el básquet de Chaco es solo uno.

Cuando ya no queda nadie en la cancha y las voces se apagan, la sensación de que se vienen grandes momentos quedó en el aire. Con lecciones aprendidas, pero con la misma pasión, esa que retumbó incluso en otros países, gracias al periodismo. Quiero agradecer a mis compañeros de trabajo, pero reflejar también a todos los colegas, por el gran trabajo realizado, que no es fácil y tampoco es barato para nosotros, pero que está impulsado por ese mismo fuego sagrado, por esa pasión, que también nos hizo quebrar la voz. En tiempos como estos, la ilusión es un regalo, que nos hace sentir que lo mejor está por venir.

Mariana Alejandra Alegre

Fotos:  Raúl Palomino

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