En primera persona. “Las chicas sí queremos jugar”

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Sin mucho que agregar, mas que correr el telón, les recomiendo este artículo que escribió Lucía Marcos para La Naranja está en el Aire. En primera persona-y desde el corazón- Lucía habla sobre cómo el básquet femenino está en la constante búsqueda de la estabilidad, que aún no llega, pero con ese estímulo intacto: la pasión y las ganas de jugar.

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“El femenino se auto salvó”. Me parece una gran oración para iniciar un pequeño recorrido acerca de cómo hoy, las mujeres volvimos a tener competencia en Misiones. Es cierto que el básquet femenino históricamente ha movido cielo y tierra por jugar, por pertenecer, por estar. Ha tenido que lidiar contra las creencias machistas de que es un deporte de hombres por muchos años, ha tenido que salir a poner el cuerpo para mantenerse a flote en innumerables oportunidades. Pero ojo, lo hacemos con gusto. Las mujeres que jugamos al básquet lo sentimos muy adentro, no es algo para pasar el rato. Nos sentimos vivas, eufóricas, felices. Luchamos con gusto, porque sabemos que damos para más, porque ya está demostrado, porque somos mucho más.

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Quiero aclarar, primero, que todo esto está escrito desde el punto de vista de un intento de jugadora apasionada, una hincha y luchadora del femenino con una perspectiva de género demasiado marcada, una hija orgullosa, contagiada por sus padres a tal punto de comenzar a trabajar con niñas, en un lugar con mucho material por ser explotado. No busco ofender a nadie, tan solo concientizar un poco acerca de lo que esto significa, tanto en mi vida como en la de muchas mujeres más, que estoy segura se sentirán identificadas. Pido disculpas si no nombro a personas que habrán debido de tener su importancia en el surgimiento del femenino, como aquellas que lo están haciendo hoy. Este es solo un ángulo de una historia hermosa que necesita ser contada, este es un gran espacio para hacerlo y ojalá que muchos más se atrevan.

La herencia de la pasión

Cuando yo era chica, mi mamá me mandaba a recorrer todo el club Nautico Sportivo Avellaneda  (Rosario), en busca de nenas. Era como su anzuelo, siempre tuve la labia suficiente para convencer mujeres de probar el deporte más lindo del mundo. Yo decía una palabra, ellas empezaban y mama hacia el resto, las enamoraba. Cuando nos fuimos a Charata fue lo mismo, mi mamá, Mariana Chuda, movió cielo y tierra para revivir una llama que seguía latente, pero no tan eufórica, como si esta hoy. Entrenábamos a las 2 de la tarde, pero el entrenamiento estaba lleno, algo había, algo hacia ella, algo sigue haciendo. Las que la tuvieron como entrenadora te lo cuentan, ella deja marcas, ella te contagia amor, pasión, disciplina. Ella te contagia el básquet.

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Mariana Chuda: dirigiendo Misiones en un Argentino. 

 

En Chaco hubo que empujar bastante, los padres acompañaron, algunos clubes también. El básquet femenino creció mucho. Allá por el 2009 nos fuimos a nuestro primer Argentino de Selecciones, yo tenía 11, mi mamá 28, pero parecía de 100. Nos fuimos en autos de los padres y usamos las camisetas de Asociación Española, nada más que nuestro amor por una provincia que necesitaba urgentemente volver al ruedo anticipaba que éramos de Chaco. Poco nos importaba, fuimos felices y se ve que algo se hizo bien, porque Chaco no paro más. (Fíjense que casualidad, este año Misiones U13 fue al Argentino en autos de padres, ojalá que estemos siguiendo el mismo camino.)

En 2010 nosotras nos fuimos, mamá se fue. Recuerdo a tantas nenas llorar, a tantos padres medio molestos, porque sabían que era el final de algo, algo muy muy lindo. Pero todo lo contrario, los torneos provinciales crecieron ferozmente y hoy la competencia está a años luz de esos primeros pasos. Con grandes clubes trabajando y apoyando al femenino, a aquellas mujeres que lo único que quieren es su espacio.

Cuando nosotras llegamos a Eldorado el femenino estaba devastado. Unos años atrás la competencia era increíble, el nivel fantástico y el compromiso era total. Pero como siempre, las formativas fueron ignoradas, las chicas crecieron, partieron y todo se terminó. Yo llegué a Misiones en el año 2010, que yo sepa, un muy mal momento del femenino. Años atrás había sido furor, una muy buna liga provincial, un gran nivel y muchas chicas disfrutando de la disciplina. Yo no quiero agrandar a nadie –o si-, pero con la llegada de mis papás a Eldorado, las cosas cambiaron. Primero fue mi papá, Mariano Marcos. El agarro ese primer grupo de niñas que se estaba gestando en El Coati y rápidamente fuimos de más en más, porque ATENCIÓN: las chicas si queremos jugar. Ese año recuerdo haber viajado a Montecarlo, Dos de Mayo y Capioví a jugar, no hubo mucho más. A los años siguientes no recuerdo haber incrementado mucho mi travesía por Misiones para conocer más equipos. Fuimos un par de veces a Posadas, pero solo había primera, nosotras éramos muy chiquitas, pero no importó. ¿Por qué? Porque lo único que nosotras queríamos era jugar.

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Cuando mi mamá, Mariana Chuda, se puso al frente del básquet femenino hubo un gran cambio, recuerdo muchos viajes, muchas idas a varios lugares. Me acuerdo de conocer otros equipos, y ellos a nosotros. Si había básquet femenino, pero no nos conocíamos. Nunca nos apagamos, tal vez, nos apagaron. O al menos eso alguien o algo intento, pero no pudieron. Nosotras nos rebuscamos una y mil veces para jugar, para competir. Donde sea, pero allá vamos, atrás de esa bella pelota naranja.

Durante todo ese transcurso lindo que fueron mis formativas, viví jugando al básquet, entre Papel Misionero (a cargo de Oscar Venialgo) y mi mamá (a cargo de El Coati), se encargaron de que Misiones resucitara en los torneos nacionales. No nos perdimos nunca un Argentino, no nos intimidó jamás una ventaja de muchos puntos, no nos importó la forma en que viajábamos, la ropa que usábamos, ese hecho de muchas veces no estar vestidas de tu provincia, como si estaban las otras delegaciones. Nosotras estábamos ahí, jugando al básquet, viviendo el básquet. Éramos felices.

Lamentablemente a medida que mi camada crecía, el femenino se debilitaba, no había muchos clubes trabajando desde abajo y la competencia volvió a escasear. Ese bache volvió y hubo que salir a buscar soluciones a duras penas, otra vez poniendo el cuerpo y tratando de volver a encender esa llama hermosa, llamada básquet femenino. En ese momento tuve miedo, temí mucho porque mi hermanita no pudiera vivir todo lo lindo que yo viví. Pero mamá (siempre al rescate), buscó torneos hasta donde no los había, invitó a muchas niñas de otros lugares y todas jugaban. Es que si, todas tenían muchas ganas de jugar.

La recuperación

El año pasado  (2018) Fundación Vanguardia hizo lo que la Federación Misionera de Básquet no estaba pudiendo lograr, y creó un torneo competitivo. Primero de mayores, disputando algunas veces encuentros amistosos entre categorías formativas. El femenino volvió a difundirse, muchas mujeres volvieron a jugar, otras se animaron a comenzar a practicarlo, llevaban gente a las canchas. Los domingos de partido eran el día especial de la semana, iba toda la familia, la cancha se llenaba, jugábamos, teníamos lugar, tenemos lugar.

Para nuestra suerte la Federación vio que el camino para la incorporación del femenino estaba allí y ahora colabora en conjunto con Fundación Vanguardia. Desde este año, el torneo “Recuperemos el Básquet Femenino en Misiones”, presentó competencias para categorías formativas, en dos divisiones. En esta primera edición de básquet formativo femenino las U13 Y U15 tuvieron su turno de jugar. El reglamento se adecuo con la finalidad de que más clubes participaran, ya que luego de muchos años sin competencia, no todos los clubes contaban con 12 chicas de cada categoría. El reglamento propuesto contaba con dos incorporaciones mayores a la edad, es decir, en U13 podían participar dos chicas de la categoría U15. Mientras que en U15, dos U17 podrían participar del torneo. No solo se aseguraba la participación de más clubes, sino que el nivel fue mejorando poco a poco y se llegaron a grandiosos partidos para el cierre del año.

El pasado fin de semana, la 2º edición de “Recuperemos el Básquet Femenino en Misiones” llegó a su fin. Con el primer campeón U13 (El Coati de Eldorado), el 1º campeón U15 (Colonias Unidas de Paraguay) y un bicampeonato en primera división para Sol Dorado Slow. Completaron el podio de primera división Colonias Unidas de Paraguay y Sol Dorado Fast. Mientras que en formativas se quedaron con el 2º y meritorio lugar, Fundación Vanguardia en U13 y Tierra del Fuego de Obera en U15.

Fuera de títulos, trofeos y dale campeón. Lo que más se festejó ese día fue ese estadio repleto, ese partido palo a palo, esa transmisión en vivo, con gente de muchos lugares siguiendo el encuentro. Lo que más se valora del día, del torneo, es la oportunidad de que muchísima niñas, adolescentes y mujeres tengan la posibilidad que les había sido arrebatada, no por alguien, si no por algo, la falta de compromiso para con ellas. Esta posibilidad de poder competir es gracias a ellas, gracias a quienes se pusieron la camiseta para llevar adelante este torneo y los venideros. Gracias a quienes siguieron insistiendo año a año con el femenino, que nunca lo abandonaron, aun sin jugar. Gracias a quienes a través de este torneo comprendieron que el futuro está abajo y ahora cuentan con formativas. Y gracias a cada uno de los medios y de las personas que acompañan este sueño.

Ni hablar de los agradecimientos a nosotras. Por qué solo nosotras entendemos lo que dejamos de lado cada día para ir a entrenar, sea siesta, noche o fin de semana. Allá estamos siempre, buscando ese hueco que se nos brinda. Muy pocos son los lugares en donde después de varias luchas, se consigue algún horario central.

Lucía, Mariana y Delfina (tres generaciones de jugadoras de básquet)

Lucía, Mariana y Delfina (tres generaciones de jugadoras de básquet)

Agradecernos a nosotras por vivir cada partido como si fuera el último, porque ya nos pasó que fuera el último, porque nuestra competencia ya desapareció. A nosotras por luchar cada pelota hasta el final, olvidándonos de cualquier cosa que nos afecta del mundo de afuera. A nosotras que jugamos porque jugamos, porque queremos que más niñas jueguen y porque soñamos con que esto crezca, que ninguna nena más tenga que luchar por su lugar, como si luchamos nosotras. A nosotras que amamos el básquet, pero particularmente, el básquet femenino. Esa rama tan pero tan especial. A nosotras que estamos siguiendo un camino, un camino fructífero, un camino que esta minado de cosas buenas y que no deja de abrir puertas hacia un próximo, mejor y meritorio lugar del femenino en la provincia de Misiones.

Por Lucía Marcos: jugadora y periodista.

Fotos: Recuperemos el básquet femenino, Club El Coatí, albúm personal Lucía Marcos y archivo LN.

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